Liderar mediando: la transformación invisible de los Tribunales de Instancia
La transformación de la Justicia en España no depende únicamente de nuevas estructuras, normas o formas de distribución del trabajo. También exige revisar cómo se relacionan las personas que forman parte de la Administración de Justicia y cómo se gestionan los conflictos que inevitablemente surgen en una organización compleja.
La puesta en marcha de los Tribunales de Instancia, dentro del nuevo modelo organizativo impulsado por la Ley Orgánica 1/2025, de eficiencia del Servicio Público de Justicia, supone una transformación relevante de la organización judicial. El nuevo modelo sustituye progresivamente la estructura tradicional de juzgados unipersonales por una organización común, apoyada por la Oficina Judicial, con el objetivo de racionalizar recursos, mejorar la coordinación y ofrecer un servicio de Justicia más eficiente y accesible.
Pero detrás de esta transformación estructural existe otra, menos visible y quizá igualmente importante: la transformación de las relaciones profesionales dentro de los tribunales.
Y es precisamente ahí donde la mediación puede adquirir un papel especialmente interesante.
Mediar también es una forma de liderar
Cuando hablamos de mediación, solemos pensar inmediatamente en la resolución de un conflicto entre dos partes.
Sin embargo, sus principios pueden tener una aplicación mucho más amplia.
Escuchar, identificar los puntos de conflicto, facilitar el diálogo y buscar soluciones que permitan avanzar son herramientas especialmente útiles en organizaciones donde diferentes profesionales deben trabajar conjuntamente.
Por eso, la mediación puede entenderse también como una determinada forma de ejercer el liderazgo: no desde la imposición, sino desde la capacidad de generar espacios de diálogo, mejorar la comunicación y facilitar acuerdos.
En el ámbito de la Justicia, esta perspectiva resulta especialmente interesante.
La actividad judicial implica la interacción constante entre jueces y magistrados, letrados de la Administración de Justicia, funcionarios, abogados, procuradores y otros operadores jurídicos. Cada uno desempeña una función diferente, pero todos forman parte de una misma realidad: el funcionamiento diario del sistema judicial.
Los Tribunales de Instancia: una nueva forma de organización judicial
La reforma de la organización judicial no se limita a cambiar nombres o estructuras.
Los Tribunales de Instancia cuentan con una organización administrativa de soporte común y pueden estructurarse en diferentes secciones especializadas. Además, el nuevo modelo incorpora mecanismos destinados a favorecer la coordinación, la unificación de criterios y la mejora de las prácticas organizativas.
La propia normativa contempla nuevas funciones de coordinación para las presidencias de los Tribunales de Instancia y de sus secciones, así como mecanismos de relación con los servicios comunes de la Oficina Judicial.
Todo ello significa que la coordinación judicial adquiere una importancia todavía mayor.
Y coordinar no consiste únicamente en distribuir tareas.
También significa saber escuchar, anticipar problemas, gestionar diferencias y favorecer una comunicación eficaz entre quienes participan en la actividad judicial.
La transformación que no siempre se ve
Una reorganización puede ser perfectamente visible: nuevos órganos, nuevas competencias, nuevas estructuras o nuevos sistemas de trabajo.
Pero existe otra transformación mucho menos visible.
Es la que se produce cuando mejora la comunicación entre los profesionales, cuando un problema se aborda antes de convertirse en un conflicto, cuando se facilita la coordinación o cuando las diferencias se gestionan mediante el diálogo.
Esta dimensión es particularmente importante porque la eficiencia de la Justicia no depende exclusivamente de las normas que regulan su funcionamiento.
También depende de cómo se desarrolla ese funcionamiento en la práctica.
Una buena organización puede evitar muchas dificultades antes de que lleguen a convertirse en problemas procesales.
La coordinación entre los operadores jurídicos
Los procedimientos judiciales están sujetos a plazos, trámites, comunicaciones y actuaciones sucesivas en las que intervienen diferentes operadores jurídicos.
Jueces, magistrados, letrados de la Administración de Justicia, funcionarios, abogados y procuradores necesitan relacionarse dentro de una estructura cada vez más organizada y coordinada.
En este contexto, la comunicación profesional deja de ser una cuestión meramente interpersonal y pasa a formar parte del propio funcionamiento del Servicio Público de Justicia.
Una dificultad de coordinación puede terminar teniendo consecuencias concretas sobre la tramitación de un procedimiento.
Por ello, cualquier transformación organizativa de los tribunales debería prestar atención no solo a la estructura, sino también a las relaciones profesionales que permiten que esa estructura funcione.
Aquí es donde la mediación puede aportar una perspectiva especialmente útil: transformar el conflicto en una oportunidad para mejorar la comunicación y la organización.
Liderazgo y cultura profesional
La transformación de los Tribunales de Instancia plantea, por tanto, un reto que va más allá de la adaptación a un nuevo modelo organizativo.
También supone una oportunidad para construir una cultura profesional basada en la colaboración, el diálogo y la búsqueda de soluciones.
La nueva organización incorpora expresamente funciones de coordinación y mecanismos destinados a favorecer el buen funcionamiento de los tribunales.
Pero ninguna estructura puede funcionar correctamente si las personas que forman parte de ella no disponen de herramientas adecuadas para comunicarse, coordinarse y gestionar las diferencias.
Liderar no significa necesariamente decidirlo todo.
En determinados contextos, liderar significa también saber escuchar, facilitar la comunicación y crear las condiciones para que diferentes profesionales puedan trabajar mejor juntos.
Y esta puede ser una de las dimensiones más interesantes de la mediación aplicada a la organización judicial.
Una transformación que se construye cada día
Los grandes cambios en la Justicia suelen asociarse a reformas legislativas, nuevas estructuras o modificaciones organizativas.
Sin embargo, su verdadero resultado se puede comprobar en algo mucho más cotidiano: cómo funcionan los tribunales cada día.
Si una nueva organización consigue mejorar la coordinación, reducir conflictos innecesarios y favorecer una comunicación más eficaz entre quienes intervienen en los procedimientos, estaremos ante una transformación que quizá no siempre sea visible, pero sí tendrá consecuencias reales.
La reforma del Servicio Público de Justicia persigue precisamente una organización más ágil, eficiente y accesible, y los primeros datos oficiales de implantación apuntan a mejoras en determinados ámbitos de funcionamiento.
Pero la eficiencia no debería medirse únicamente en números.
También puede medirse en la capacidad de las personas que integran la Administración de Justicia para trabajar juntas, resolver dificultades y adaptarse a una nueva realidad organizativa.
En definitiva, liderar mediando puede significar precisamente eso: acompañar la transformación de los Tribunales de Instancia desde las personas y no únicamente desde las estructuras.
Y en una Justicia en proceso de cambio, quizá sea una de las transformaciones más importantes de todas.

